12 REGLAS PARA LA VIDA

REGLA 1: PÁRATE BIEN ERGUIDO Y CON LOS HOMBROS HACIA ATRÁS


O, porque tu mamá tenia razon cuando te decía que te pararás derecho.


Bajo la superficie del océano, en un lecho rocoso, las langostas se mueven con determinación. En su mundo de arena y rocas cada centímetro de territorio cuenta, cada alimento es un tesoro, y cada refugio es un bastión contra el mundo exterior. Aquí, la postura lo es todo. Una langosta con las pinzas altas y el caparazón erguido no es solo un signo de confianza, sino una proclamación de dominio.

Cuando dos langostas se encuentran, sus pinzas no solo hablan de fuerza, sino que cuentan historias de victorias pasadas y derrotas aprendidas. La danza de dominación comienza: una exhibición de poder donde la confianza se mide en la anchura de la postura y la firmeza del movimiento. La victoria trae un premio tangible: una oleada de serotonina que infla aún más su confianza, mientras que la derrota sumerge a la perdedora en una postura encogida, una señal de sumisión al mundo. La segunda vez que las mismas langostas se encuentren, una de ellas se parará mas erguida y confiada, la otra encogida e insegura. Esta predisposición le ayudará a la langosta con el caparazón erguido, quien probablemente habrá ganado la batalla antes de empezarla.

Jordan Peterson extrae de estas observaciones una metáfora para la vida humana, argumentando que nuestra biología comparte más con estos crustáceos de lo que podríamos pensar. Sugiere que, al igual que las langostas, las personas se ven profundamente influenciadas por el lenguaje corporal y la postura. Una espalda recta y hombros hacia atrás no son solo un gesto físico, sino una manifestación de nuestra disposición ante la vida y un historial visible de nuestras victorias y derrotas pasadas.

Nos insta a aprender de las langostas: a ocupar nuestro espacio con dignidad, a enfrentar nuestros desafíos con la cabeza alta. Es un llamado a reconocer cómo nuestras pequeñas victorias y derrotas moldean nuestra percepción de nosotros mismos y cómo, a través de la postura y presencia, podemos influir en nuestra propia serotonina y en nuestra propia vida.

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