Regla 5: No permitas que tus hijos hagan cosas que los hagan desagradables a tus ojos.

El capítulo sobre la importancia de hacer de nuestros hijos personas agradables.

Peterson inicia el capítulo con una experiencia personal observando a un niño de tres años comportándose de manera inaceptable en un restaurante, lanzando comida y gritando, sin mostrar respeto por los demás comensales. A partir de este incidente, advierte sobre los riesgos de permitir conductas desagradables y sin límites en nuestros hijos. Interesantemente, Peterson no culpa totalmente a los padres por el comportamiento de sus hijos, reconociendo que algunos niños son por naturaleza difíciles de educar, contrariamente a lo que la corrección política podría sugerir.

Para respaldar su argumento, Peterson recurre a resultados contundentes de investigaciones en psicología clínica, su especialidad, que parecen demostrar que si un niño no es agradable a los 4 años, tanto para otros niños como para adultos, probablemente enfrentará dificultades durante toda su vida. Esto se debe a que un niño temperamental y desagradable será ignorado, perdiendo oportunidades esenciales para socializar y desarrollar competencias sociales.

Peterson también plantea que es preferible que los padres vengan al menos en pares, destacando la dificultad de ser un padre soltero siempre dispuesto y en la mejor disposición. Sugiere que los momentos difíciles, como el enojo o un mal día en el trabajo, deberían ser idealmente equilibrados por la intervención del otro progenitor.

REFLEXIÓN: Así como Peterson sugiere la necesidad de ambos padres para criar a un hijo, el célebre arquitecto Christopher Alexander en “Un Lenguaje de Patrones”, propone que incluso un par de figuras parentales no son suficientes. Argumenta que, para evitar el neuroticismo en las relaciones de pareja e hijo, se requiere la familia extendida tradicional, incluyendo tíos, abuelos, sobrinos y otros.

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